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28 de Julio
Santos Nazario y Celso
mártires
+ 395



"Patronos de los niños"


La historia de Santa María junto a San Celso, el santuario más popular de Milán, data de finales del siglo IV cuando esta área fue meta de peregrinaciones, porque se habían hallado los cuerpos de los mártires Nazario y Celso.


El comienzo de esta historia se remonta al año 395. Como refiere Paulino de Milán, biógrafo de san Ambrosio, ese año, «en un cementerio fuera de la ciudad» en una localidad llamado de los “tres Moros”, en dirección sur, fue hallado el cuerpo intacto del mártir Nazario. «Su sangre aún tan fresca como si hubiera sido versada ese mismo día», escribe Paulino, que dice que fue testigo ocular.

Y añade: 

«Su cabeza, que los impíos habían cortado, tan íntegra e incorrupta con su cabello y barba, que parecía lavada y arreglada en el momento mismo en que era exhumada».



EL MILAGRO DE LA VIRGEN QUE SE MUEVE




Y en 1485, frente a centenares de testigos, la antigua imagen de la Virgen con el Niño, que mandara pintar san Ambrosio, se movió milagrosamente.

Celebraba la misa, en la iglesia abarrotada, el padre Pietro Porro. Era un viernes, hacia las 11. De pronto, la figura, aunque casi difuminada, de la Virgen comenzó a moverse: primero levantando el velo que, tras la reja, la protegía; luego, abriendo los brazos, y por último, uniendo las manos.


También el Niño pareció insinuar una bendición a los fieles. «Según los presentes, hubo una explosión de conmovedor entusiasmo», escribe el más documentado historiador del santuario, Ferdinando Reggiori, «que continuó y duró días enteros; acorrían los suplicantes, invocaciones de desgraciados y enfermos, gracias y curaciones: la ciudad entera estaba turbada».


Los testimonios, que en pocos meses llevaron a la aprobación eclesiástica (que se dio el 1 de abril del año siguiente), se conservan aún en el archivo del santuario.

Verdaderas actas “registradas” una a una, con meticulosa precisión, testimonios de fieles de todas las condiciones y de todos los orígenes, todos ellos presentes durante el “milagro”.


Este es uno de los muchos:


«El año 1486, la tarde del sábado 7 de enero […] se presentó Giovanni Battista Stramitis, de Ambrogio, carpintero. residente en puerta Ticinesa, de la parroquia de San Giorgio al Palazzo que, invitado a decir la verdad…».


El simple carpintero contó lo que había visto una semana antes. Sigue diciendo el acta:

«Durante la última oración después de la comunión vio […] el rostro de la Virgen que se movía y parecía vivo, como el de una mujer que se asoma a la verja. En el mismo momento se oyó gritar “¡misericordia!” en medio del llanto de los presentes. Y el velo que estaba delante de la reja se movió hacia arriba y luego cayó y se vio a la Virgen en la misma postura y así se quedó por lo menos durante un par de Avemarías».