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29 de julio
Santa Marta de Betania
Siglo I



"Patrona de la vida doméstica, de las amas de casa,
trabajadores domésticos, cocineras, lavanderas y trabajadores del hogar, 
dueños de restaurantes, trabajadores de hoteles, escultores y pintores"
"contra el flujo de sangre, protectora de los moribundos"



"La deidad amorfa y silenciosa había desbordado su naturaleza creando al hombre y transformándose en Dios. Por tanto, según observa Eckehart, el hombre inspirado por Dios se vierte en la acción. Marta la hacendosa está más cerca de Él que María, siempre absorta en la pasividad contemplativa. Tres siglos más tarde, también Angelus Silesius dirá: "El sol anima al Todo y los astros danzan. Si tú no eres movido, no perteneces al Todo." Miriama Widakowich-Weyland. Filósofa, escritora, psiquiatra. Investigadora argentina.


Santa Marta, la hermana de María y de Lázaro. Vivían los tres en Betania y los tres eran muy amigos de Jesús. Betania es sinónimo de amistad, hospitalidad y delicadeza. Aquí, pasaba Jesús horas de alivio y de intimidad. Aquí encontraba Jesús un amigo, unas manos que le servían con cariño y unos oídos dóciles. Al final, cuando acababan las duras jornadas de Jerusalén, Betania será para Jesús el lugar preferido de descanso para su corazón.
Marta y María protagonizan en Betania tres hermosos encuentros con Jesús. "Llegó Jesús a Betania y Marta lo recibió en su casa". Marta parece la hermana mayor, el ama de casa. Recibió a Jesús con gozo. Había que tratarle como se merecía. Todo era poco para obsequiar a Huésped tan querido. Estaba un poco nerviosa. Marta es delicada, solícita y activa.
Marta se queja a Jesús de que María, por escucharle mejor, la ha dejado sola en el servicio. Jesús le contesta:
«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.» -Lucas 10: 41-42
El segundo episodio sucede cuando la muerte de Lázaro. Las hermanas avisan a Jesús que Lázaro, su amigo, está enfermo. Cuando Jesús llega, Lázaro ya había muerto. Marta, en cuanto oyó que Jesús llegaba, le salió al encuentro. María, de momento, se quedó sentada en casa. María, la adoratriz. Marta le dijo que Jesús la llamaba, y entonces se levantó y fue a Él.
Otra vez Marta, activa y solícita. Pero aquí ya no es sólo la mujer entendida en cocina y servicio. Ahora Marta sostiene con Jesús un diálogo de altura. Ha aprendido la lección, ya no está nerviosa. Lázaro resucitará, le dice Jesús. - Sí, ya sé que resucitará en el último día, dice Marta.
Jesús añadió: "Yo soy la resurrección y la vida. Todo el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. ¿Crees esto?"
Marta respondió: "Sí Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."
El tercer episodio fue seis días antes de la Pascua. Simón el Leproso daba un banquete en honor de Jesús, y estaban invitados sus amigos. Marta servía, Lázaro estaba a la mesa, y María con nardo legítimo ungió los pies de Jesús. Marta y María. Otra vez, cada una en su papel. Para entonces ya lo hacía sin quejarse ni compararse.
De los años siguientes de la santa no tenemos ningún dato históricamente seguro, aunque según la leyenda de la Provenza, Marta fue con su hermana a Francia y evangelizó Tarascón. Ahí se dice que encontraron, en 1187, sus pretendidas reliquias, que todavía se veneran en su santuario.