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8 de septiembre
Nuestra Señora del Valle


"Protectora  Nacional del Turismo y de  la Región 
Noroeste Argentina"


La imagen de Nuestra Señora del Valle fue encontrada entre 1618 y 1620 en una gruta de Choya, provincia de Catamarca. Cuenta la historia que fue un aborigen al servicio de don Manuel Salazar quien escuchó durante una tarde varias voces y pisadas, y de repente fue sorprendido por un grupo de muchachas con lámparas y flores que caminaban sigilosas hacia la montaña. Pese a la sorpresa, el observador prefirió regresar a su rancho, pero la curiosidad pudo más. 


A la mañana siguiente, de vuelta en aquel lugar, decidió seguir las huellas que quedaron de las muchachas. Después de caminar varios kilómetros, se encontró con un pequeño nicho de piedra rodeado por restos de fogones y numerosas flores. Continuó caminando hasta toparse con la imagen de la santísima Virgen María, con su rostro moreno y las manos juntas en forma de rezo.
El descubrimiento permaneció en secreto, aunque tiempo después el aborigen aprendió a querer y venerar esa imagen tan parecida a los suyos. Por ello, decidió contarle el secreto a su amo. 

En enero de 1890, fray Orellana mandó a confeccionar la corona de la Virgen y también en esa época se elaboraron las primeras estampitas de la Virgen. En 1941, la Coronación de la Virgen cumplió 50 años. Para celebrarlo, el obispo de Catamarca encargó pintar a Orlando Orlandi las telas artísticas de la historia de la Virgen. Y en ese mismo año la catedral fue declarada Monumento Histórico Nacional. 

La Virgen Morena, algo atípico para ese entonces, recibió el honorable título de Patrona Nacional del Turismo el 20 de marzo de 1974 bajo la tercera presidencia de Juan Domingo Perón. 
En más de 400 años de veneración, los fieles le asignan a Nuestra Señora del Valle la realización de numerosos sucesos milagrosos: la curación de enfermedades terminales, como cegueras y parálisis. También es muy reconocida por haber salvado al pueblo de plagas de gusanos y langostas y, además, cuentan las leyendas populares que a lo largo de la historia logró consumar algunas resurrecciones, que le permitieron consolidar la enorme fascinación que genera entre sus seguidores. 

Uno de los milagros más contados y celebrados por los fieles remite a un campesino cordobés que, al contraer una enfermedad, le suplicó a la Virgen su amparo bajo la promesa de que iría a su santuario.
En segundos estaba curado y el campesino se levantó para cumplir con su compromiso. En esos días, en la iglesia de Catamarca se lamentaban por la desaparición repentina de un viejo y preciado jarro de plata. Al cabo de unos días, el campesino llegó a la iglesia con el jarro en la mano. Comentó que había salido de su casa para cumplir con una promesa y que, durante la travesía, él y su mula sintieron muchísima sed. Se encomendó a la Virgen nuevamente y encontró un jarro del que tanto él como el animal pudieron beber. El cura a cargo de la iglesia catamarqueña reconoció que era el jarro de plata que faltaba en la sacristía.