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8 de septiembre
Natividad de Nuestra Señora


El nacimiento de María, obra de Giotto 
para la capilla de los Scrovegni, h. 1305.


El nacimiento de la Virgen o Natividad de María se celebra como una fiesta litúrgica en el santoral católico y en la mayoría de los santorales anglicanos se celebra el 8 de septiembre, nueve meses después de la solemnidad de su Inmaculada Concepción celebrada el 8 de diciembre.

Esta fiesta, como la de la Asunción de María, tiene su origen en Jerusalén. Comenzó en el siglo V como la fiesta de la basílica Sanctae Mariae ubi nata est, actualmente la Basílica de Santa Ana. En el siglo VII, la fiesta se celebraba por los bizantinos y en Roma como la fiesta del nacimiento de la Bienaventurada Virgen María. La fiesta también se celebra por los cristianos sirios el 8 de septiembre y por los cristianos coptos en el 1 Bashans (esto es, el 9 de mayo).

La fiesta fue incluida en el Calendario Tridentino para el 8 de septiembre y ha permanecido en esa fecha.



Un escrito apócrifo del siglo II, conocido con el nombre de Protoevangelio de Santiago , nos ha transmitido los nombres de sus padres —Joaquín y Ana—, que la Iglesia inscribió en el calendario litúrgico. Diversas tradiciones sitúan el lugar del nacimiento de María en Galilea o, con mayor probabilidad, en la ciudad santa de Jerusalén, donde se han encontrado las ruinas de una basílica bizantina del siglo V, edificada sobre la llamada casa de Santa Ana , muy cerca de la piscina Probática. Con razón la liturgia pone en labios de María unas frases del Antiguo Testamento: 

"me establecí en Sión. En la ciudad amada me dio descanso, y en Jerusalén está mi potestad" 
( Sir 24, 15).

Hasta que nació María, la tierra estuvo a oscuras, envuelta en las tinieblas del pecado. Con su nacimiento surgió en el mundo la aurora de la salvación, como un presagio de la proximidad del día. Así lo reconoce la Iglesia en la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora: 

Por tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, anunciaste 
la alegría a todo el mundo: 
de ti nació el Sol de justicia, Cristo, Dios nuestro.
 (Oficio de Laudes).

El mundo no lo supo entonces. Dormía la tierra.