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Santa Engracia
s. IV
Murió víctima de la persecución decretada por Diocleciano en el 303. Fue mandada hacia el Rosellón 

con el fin de casarse con un noble rico de allá, la acompañaba su tío Lupercio, diecisiete nobles y una sirviente llamada Julia. Se hallaba en Zaragoza mientras viajaba cuando fue puesta en marcha la persecución contra los cristianos. Intercedió por los cristianos ante los tribunales romanos haciéndose ella misma reo de tortura. Le arañararon las carnes con garfios, le cortaron un pecho y le clavaron un clavo en la cabeza.

Engracia es la joven novia graciosa que viaja desde Bracara Augusta, en Galicia, hasta el Rosellón, en Francia, para reunirse con su amado. Dieciocho caballeros de la casa y familia la acompañan y le dan cortejo. Al llegar a Zaragoza y enterarse de las atrocidades que está haciendo el prefecto romano, se presenta espontáneamente ante Daciano para echarle en cara la crueldad, injusticia e insensatez con que trata a sus hermanos. Termina martirizada, con la ofrenda de su vida y la de sus compañeros. Es azotada, luego sufre los horrores de ser atada a un caballo y arrastrada, le rajan el cuerpo con garfios, llegan a cortarle los pechos y le meten en su cuerpo un clavo; para que más sufra, no la rematan, la abandonan casi muerta sometida al indecible sufrimiento por las heridas hasta que muere. Los dieciocho acompañantes fueron degollados a las afueras de la ciudad. Se conservan sus restos en la iglesia basílica de Santa Engracia de Zaragoza.