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Madre Nuestra®

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21 de Abril
San Conrado de Parzham
hermano capuchino
1818-1894


Desde la infancia se destaca por su modestia, piedad y espíritu de oración. Desarrolló una gran

devoción a la Virgen María, rezando habitualmente el rosario. En los días de fiesta solía viajar a algún santuario mariano, peregrinando siempre a pie, en oración y usualmente en ayuno. Su amor por la Virgen será un característica especial en su vida religiosa.
Juan pasó su infancia y juventud en la granja familiar. A los 31 años decide abandonar el mundo secular, y tras renunciar a su herencia, fue admitido como religioso laico en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Tras su profesión de votos tomó el nombre de Conrado.
Inmediatamente tras su profesión fue enviado al convento capuchino de Santa Ana en la ciudad de Altötting. Este lugar es conocido por su santuario dedicado a Nuestra Señora de la Merced. A Conrado se le dio el oficio de portero del santuario, cargo que ejerció hasta su muerte. Debido a la gran concurrencia del santuario, la labor de la portería daba bastante trabajo. Conrado destacó por ser muy diligente, hombre de pocas palabras, bondadoso con los necesitados y siempre presto a recibir y ayudar a los peregrinos. Fray Conrado ocupó este puesto por 43 años.
Fray Conrado amaba el silencio de manera especial. Gastaba su tiempo libre en una celda abandonada cercana a la puerta, desde donde le era posible ver y adorar al Santísimo Sacramento presente en el templo del santuario. Durante la noche, a menudo pasaba en vela, dedicando a la oración el tiempo que durante el día dedicaba al trabajo en la portería. Varios pensaban que nunca descansaba, ya dedicado a las labores de portero, ya dedicado a la oración y otras devociones. El 21 de abril de 1894 falleció en el santuario donde había vivido por 43 años.