La Circuncisión del Señor
"V. La circuncisión"
1. Y al llegar el tiempo de la circuncisión, esto es, el
día octavo, el niño hubo de someterse a
esta prescripción de la Ley. La ceremonia tuvo lugar en la misma cueva. Y
sucedió que la anciana hebrea tomó la
partecita de piel circuncidada (otros
dicen que fue el cordón umbilical) y la introdujo en una redomita de bálsamo añejo de nardo. Tenía ella un hijo
perfumista y se la entregó, haciéndole con todo encarecimiento esta
recomendación: “Ten sumo cuidado con vender a nadie esta redoma de ungüento de
nardo, por más que te ofrezcan por ella hasta trescientos denarios”. Y ésta es aquella redoma que
compró María, la pecadora, y que derramó sobre la cabeza y pies de Nuestro Señor Jesucristo, enjugándolos
luego con sus propios cabellos.
2. Al cabo de diez días trasladaron al niño a Jerusalén; y,
al cumplirse los cuarenta después de su nacimiento, lo presentaron en el
templo, para ofrecérselo a Dios. E hicieron por él sacrificios, de acuerdo con
lo prescripto en la Ley mosaica: “Todo varón primogénito será consagrado a
Dios”. Evangelios Apócrifos: Evangelio Árabe de la Infancia.
