10 de Octubre
Santo Tomás de Villanueva
Obispo
En Valencia, de España, santo
Tomás de Villanueva, obispo, que, siendo religioso de la Orden de Ermitaños de
San Agustín, aceptó por obediencia el episcopado, sobresaliendo, entre otras
virtudes pastorales, por un encendido amor hacia los pobres hasta entregarles
todos los bienes, incluida la propia cama
Nació en Fuenllana,se educó y
creció en Villanueva de los Infantes, provincia de Ciudad Real, donde sus
padres poseían una rica hacienda, pese a lo cual muchas veces el muchacho
andaba desnudo porque había dado sus vestidos a los pobres. Queda en pie parte
de la casa original, con un escudo en la esquina, al lado de un oratorio de la
familia.
Aunque hizo estudios de Artes y
Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, ingresó en la Orden de los
Agustinos de Salamanca (1516) y en 1518 fue ordenado sacerdote; en la orden
ocupó los cargos de prior conventual, visitador géneral y prior provincial de
Andalucía y Castilla. También fue profesor de la universidad y consejero y
confesor de Carlos I de España.
Gozó de fama por su gran
austeridad personal (llegó a vender el jergón donde dormía para dar el dinero a
los pobres) y por su ejercicio continuo e infatigable de la caridad,
especialmente con los huérfanos, con las doncellas pobres y sin dote y con los
enfermos. Poseía, sin embargo, una concepción inteligente de la piedad, de
forma que aunque era muy limosnero procuraba solucionar definitiva y
estructuralmente la pobreza mediante la redención activa de la misma, dando
trabajo a los pobres, y así hacía fructificar sus limosnas: «La limosna no sólo
es dar, sino sacar de la necesidad al que la padece y librarla de ella cuando
fuere posible.», escribió.
En 1533 envió como Provincial a
los primeros padres agustinos que llegaron a México. Empezó a tener éxtasis
místicos en misa o cuando rezaba los salmos.
Carlos I le había ofrecido el
cargo de arzobispo de Granada pero él nunca lo había aceptado; se cuenta que
llegó a arzobispo de Valencia el 10 de octubre de 1544 por error de un
escribano, pero siguió negándose hasta que se lo ordenó su superior en la
orden. Allí, ayudado por su obispo auxiliar Juan Segriá, puso orden en una
diócesis que hacía un siglo que no tenía gobierno pastoral directo. Organizó un
colegio especial para los moriscos conversos y organizó en especial un plan eficaz
de asistencia y auxilio social y de caridad.
Compuso bellos sermones, entre
los que destaca Sermón del amor de Dios, una de las grandes manifestaciones de
la oratoria sagrada del XVI. Tuvo, en efecto, una gran fama de predicador, en
un estilo sobrio y sencillo. Carlos I, al oírle predicar, exclamó: «Este
Monseñor conmueve hasta las piedras», y provocaba sonoras conversiones. Algunos
de sus sermones arremeten contra la crueldad de la fiesta de los toros. Tuvo
asimismo una gran devoción por la Virgen María, cuyo corazón comparó a la zarza
ardiente, que nunca se consumía. Es autor de varios Opúsculos, dentro de los
que se incluye el Soliloquio entre Dios y el alma, en torno a la comunión.
En 1547 ordenó sacerdote al
futuro San Luis Beltrán [1]. Falleció por una angina de pecho en 1555 a los
sesenta y seis años. Fue canonizado por el papa Alejandro VII el 1 de noviembre
de 1658.